Última actualización el 12 de mayo de 2022


Estudió Historia en la Universidad de Varsovia, aunque finalmente se dedicó al periodismo. Colaboró en Time, The New York Times, La Jornada y Frankfurter Allgemeine Zeitung. Compaginó desde 1962 sus colaboraciones periodísticas con la actividad literaria y ejerció como profesor en varias universidades. En 1964, tras perfeccionar sus habilidades para reportar asuntos domésticos, fue designado por la Agencia de Prensa Polaca (PAP, por sus siglas en polaco) como su único corresponsal en el extranjero. Fue corresponsal en el extranjero hasta 1981. Viajó por los países en vías de desarrollo y reportó guerras, golpes de Estado y revoluciones en Asia, Europa y las Américas; incluyendo la Guerra del Fútbol. En el mundo anglosajón Kapuściński es mejor conocido por sus reportajes en África en las décadas de 1960 y 1970, cuando presenció de primera mano el fin de los imperios coloniales europeos en aquel continente. Ryszard Kapuściński asistió a 27 revoluciones, fue cuatro veces condenado a muerte, superó terribles enfermedades y demostró que una crónica también puede ser una gran pieza literaria. Kapuściński no miraba el color de la piel, la nacionalidad, la posición o la ideología. Buscaba conocer la esencia del ser humano. Y lo consiguió.
Te recomendamos estos 5 libros de Kapuscinski:
El Emperador (1978). Ryszard Kapuściński llega a Addis Abeba, capital etíope, en 1974. Casi medio millón de personas habían fallecido de sed y hambre desde el comienzo de la década. Su labor como periodista era narrar la revolución que agitaba el país. Pero, conforme más iba conociendo la historia, más atraído se fue sintiendo por Haile Selassie “Negus”, el último descendiente de Salomón, el Rey de Reyes, el Emperador.
El Imperio (1993). De 1989 a 1991 Kapuściński viaja a la Unión Soviética para narrar, de primera mano, la caída del Estado. El periodista recorre en estos años más de 60.000 kilómetros, entrevista a cientos de personas y conoce la realidad de la URSS en su momento de mayor declive. Pero, además, el autor polaco incluye sus vivencias desde 1939 hasta 1967, tiempo en el que él también formó parte de este inmenso Imperio.
Ébano (1998). Este libro es una de esas obras de arte convertidas en papel. Un modo de conocer, en 340 páginas, la realidad africana. Un continente que, pese a ser tan extenso, es posible comprender gracias al trabajo de Kapuściński. El escritor polaco logró captar la esencia de Zanzíbar, Ghana, Etiopía, Uganda, Kenya, Nigeria o Sudán. Pero no sólo narró la historia de los dictadores, las guerras, los secuestros o las enfermedades (él mismo padeció malaria cerebral). Escribió sobre la gente, el pueblo. Reflejó sus inquietudes, sus modos de vida y sus máximas en la vida.
Los cínicos no sirven para este oficio (2000). “Es un error escribir sobre alguien con quien no se ha compartido al menos un tramo de la vida” es una de las muchas lecciones que aprendemos con este libro. Estas páginas son un manual del periodista, un compendio del saber hacer, un libro de cabecera para todo buen escritor. Kapuściński se destapa, opina, enseña, advierte y se muestra tal y como es en esta reunión entre periodistas y expertos.
Viajes con Heródoto (2004). Kapuscinski cogió el libro “La Historia” de Heródoto justo antes de partir a India. El medio para el que trabajaba le envió al país asiático para cumplir su primera tarea como corresponsal. Desde este momento, el historiador griego y el periodista polaco se convirtieron en inseparables. Viajes con Heródoto es una recopilación de crónicas, historias y acontecimientos. Es un recorrido en el que aprenderás a amar el Mundo.

