Última actualización el 15 de octubre de 2020
Nelly Gallardo Borges


En un espacioso comedor, se escuchaban voces que se expandieron por toda la casa. Esas voces eran nada más y nada menos, como se dice, de unas apetitosas frutas que en la mesa platicaban entre ellas. La plática giraba en torno a lo que cada una de ellas creía ser:
-Yo soy una fruta muy sabrosa y además muy importante pues estoy desde el inicio de la humanidad- dijo la manzana
-¡Bah!-dijo la pera- por no ver que fuiste la fruta de la discordia.
-Envidiosa- expresó la manzana- lo dices porque el que come pera y es-pera deses-pera.
– Ya ustedes, fruta valiosa yo, porque soy fresca y además represento los colores de la bandera mexicana- expresó muy ufana la sandía.
-Cómo son de vanidosas- dijeron las uvas. Y siguieron diciendo agrupadas en un racimo:
-Importantes nosotras, pues de nuestro jugo sacan el elixir de la vida, también desde tiempos inmemorables. ¿Ven?
-Dejen de creerse las divas; quizá tengan algún beneficio, pero yo soy la que además de refrescar, de utilizarme en bebidas exquisitas, tengo poderes curativos-dijo la piña con presunción.
-Miren, compañeritas, yo soy el principal fruto, porque desde temprano en el desayuno los humanos me utilizan en su cereal, sin mí sería insípido. Y no ando presumiendo.
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Claro, era un plátano el que hablaba así. Y ¡Que bárbaras! Vean ustedes lo que siguieron diciendo:
-¡Ah, no! Solo andas ahí de jactancioso. Para el desayuno soy la primerita para ellos, ¿sabes? Mi jugo es exquisito y nutritivo- dijo la naranja, contestándole al platanito.
También las frutas tarareaban música. Danzaban sobre la mesa, y una granada danzó alocadamente cantando:
-Olé y olé mi cantar se vuelve gitano, lari larari.
Tanta vuelta dio que se cayó de la mesa y ¡plash! toda se destripó. Al ver eso, las demás frutas callaron y quedaron preocupadas.
-Oigan, no somos nada-dijo un limón.
-Cierto -dijeron las demás-, ella que era una fruta positiva y que sólo se puso alegre miren lo que le pasó, y nosotras ¿qué?
-Tal vez jamás serviremos de nada, a lo mejor sólo como adorno- expresó la piña.
-¿Adorno?- Preguntó la manzana- No seas ridícula- dijo.
-Sí- dijeron las demás, no haciendo caso de la manzana
-No se han dado cuenta que somos frutas ¡Glup!- dijo la pera.
-Claro que sí. ¿Y eso qué?- expresó la sandía.
El plátano dijo: – Que somos frutos, no adornos.
En eso estaban cuando el frutero que estaba en la mesa contrariado dijo: -Estas ya andan de locas, las pondré en su lugar- y se escuchó un escándalo.
-¡Órale no empujen!- gritaban todas.
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-Estamos muy apretadas- se quejaban
-Nos vamos a dañar y quizá a carcomer- decían al mismo tiempo, hasta que una de ellas comentó:
-Miren, nos rayamos un poco, ¿a qué se debe? Hemos estado presumiendo y todas somos iguales – terminó diciendo muy centradamente el melón.
Todas las frutas quedaron calladas y resignadas a su suerte quedando en el frutero como adorno de plástico en el centro de la mesa por mucho tiempo.


