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Los antecedentes de la organización de la sociedad civil – Segunda parte –

Última actualización el 4 de febrero de 2020

Roberto Baltazar Marquez

Los espacios básicos de los derechos civiles y políticos

En el capítulo anterior se hizo mención del conjunto de espacios en los que se desarrolla la necesidad de la organización. Veámoslos ahora desde la perspectiva de las actividades que los individuos desarrollan de forma cotidiana a lo largo de su vida: a) ejercer una actividad productiva, b) profesar una religión, c) practicar la recreación, d) recibir educación, e) practicar el consumo, f) vivir en comunidad, g) ejercer la sexualidad.

a. Ejercer una actividad productiva

De doscientos años para acá, el movimiento social más importante vinculado al trabajo es el sindicalismo, devenido hoy en una actividad desprestigiada que no ha sabido adaptarse a los requerimientos que establece una sociedad moderna, con una economía de mercado abierta y poco propensa a respetar los derechos sindicales alcanzados. Expuestas que fueron las razones de su estancamiento en el primer capítulo, baste señalar ahora que la organización social de los sindicatos está limitado principalmente a la lucha por la conservación de la planta productiva, sin que se perfile una posición política para alcanzar otros satisfactores para sus agremiados.
Una política de fortalecimiento de estas organizaciones sociales tendrá que venir únicamente de su interior. Cargan en su contra lo señalado para las organizaciones sociales con poder propio y enormes burocracias y la enorme corrupción con la que se identifica dada la vinculación entre las dirigencias sindicales y los dueños del capital.
Su fuerza proviene de las ligas que mantienen con el poder público, en sus diferentes órdenes de gobierno. Esa es su fortaleza, pero también su debilidad. Si aspiran seguir siendo factor de cambio, como lo fueron en la primera mitad del siglo XX, tendrán que generar un proceso que los haga independientes y autónomos del poder público y eso sólo podrá obtenerse a partir de presentar un proyecto político para su gremio y para la Nación, construido a partir del abanderamiento de los proyectos de los trabajadores, muy especialmente, el fortalecimiento del salario. Deben dejar atrás la simulación política que los caracteriza
Otro sector importante, y también esbozado en el capítulo uno, son los campesinos y la abigarrada concurrencia de ocupaciones que se desarrollan en el sector rural, más allá de las actividades culturales con la tierra.
Tarde o temprano, la lucha por la tierra tendrá que superar el estancamiento que hoy la caracteriza; el proceso de desamortización de la tierra que prevalece deberá ser frenado, restituirle a la tierra su valor productivo por encima del valor especulativo que hoy impera, son las otras tareas que deberá impulsar el movimiento campesino. O como dice el más distinguido de los estudiosos de la realidad agraria actual “… En 1992, dio inicio una quinta etapa en la que impera un nuevo sistema agrario y rigen nuevas reglas para la transferencia de la propiedad, pero cuyas consecuencias, en términos de procesos a largo plazo no podrán ser ponderadas cabalmente sino hasta después de transcurrido el tiempo necesario para que la aplicación de la norma se generalice…”1
La atención a esos procesos de desamortización no debe quedar circunscrito a los campesinos, en realidad debe ser una política de estado para atender el reto alimentario, la soberanía nacional y la justicia agraria.
Uno de los problemas de los campesinos son las estructuras de organización en las que confluyó el movimiento campesino después de la Revolución Mexicana. Las organizaciones políticas se encuentran anquilosadas y no atinan una alternativa política para hacer rentable la producción minifundista que caracteriza el campo mexicano, que no rebasa en promedio los 6,000 metros cuadrados por parcela en el Estado de México, por poner un ejemplo.
Alcanzar los requerimientos que exige la actividad en el campo sólo puede lograrse a partir de la iniciativa campesina y la movilización social que se derive. Crédito, precios, insumos, distribución, empleo, deben ser los nuevos objetivos de las organizaciones en el campo y sólo será posible acceder a ellos si se inicia por la transformación de las organizaciones que hoy tienen como tarea única negociar espacios de poder con una representación social que no tienen.
La organización social ligada a las actividades productivas pasa por otros segmentos de la estructura laboral. Se mencionó ya en capítulo aparte, la situación del trabajo ambulante con su secuela de acciones disfuncionales hacia la economía y la propia estructura laboral.
Están también los profesionistas agrupados en torno a asociaciones con múltiples objetivos: apropiarse de mayores espacios de mercado, tender hacia la profesionalización del gremio, ser organizaciones con representación política; en estas agrupaciones encontramos a médicos, ingenieros, arquitectos, economistas, abogados, contadores públicos, agrónomos, por solo mencionar a algunos. En este tipo de agrupaciones se presenta una excesiva fragmentación por su especialidad y ubicación geográfica, además de que la mayoría de los profesionistas se manejan independientemente y los que están afiliados, las perciben como agrupaciones lejanas. Existen también los trabajadores especializados pero sin preparación académica de nivel universitario. Mecánicos, hojalateros, electricistas, plomeros, sastres, peluqueros, carpinteros, herreros, torneros, etcétera, son profesionales a los que les es ajena la organización social. En muchos casos se trata de negocios familiares con la aportación laboral de otros miembros de la familia; en otros, se contratan trabajadores eventuales que desconocen cualquier tipo de prestación social. Sea cual sea la forma de este tipo de microempresas, su propia condición individual y aislada las aleja de esquemas colectivos para la defensa de sus plantas laborales.
Un rubro más de trabajadores de la economía formal lo integran los que no requieren especialización para el desarrollo de sus negocios; entre ellos están las personas que mantienen una papelería, tienda de abarrotes, puestos en los mercados, taquerías, restaurantes, paleterías, etcétera y cualquier otra persona que despache en un micro negocio dedicado al comercio. También aquí es patente que la organización no les es propia y no existen programas de otras organizaciones, partidos políticos o gobiernos que tengan por objetivo encontrar esquemas organizativos para esta enorme gama de trabajadores.

b. Profesar una religión

La necesidad humana de profesar una creencia o tener fe, como un acto íntimo, individual e intransferible, sólo requiere la voluntad de hacerlo, sin necesidad de espacios especiales, iconos, iglesias e, incluso, religiones.
Sin embargo, una vez que las personas acuden a un lugar específico para realizar prácticas de fe comunes se lleva, junto con la necesidad de expresar su religiosidad, la idea de hacer la defensa de esa creencia.
Las religiones llevan consigo mismas, la convicción de que sólo con su ayuda los seres humanos pueden encontrar el real camino de la fe, son, por tanto, excluyentes.
Para hacerlo tienen la doctrina como su principal instrumento de convencimiento y al púlpito como el lugar donde se hace la proclama de ella.
En todas las religiones del mundo occidental se coincide en una doble misión para salvar a los individuos: el interno para estar bien con Dios; el externo para estar bien con los hombres. Es en este entorno social de la iglesia en que aparece la necesidad de la organización colectiva para hacer llegar a los individuos satisfactores materiales e inmediatos.
Por ello es común observar desde hace decenas de años, a varias organizaciones adheridas a algunas iglesias que prestan diversos apoyos a los individuos: atención a la niñez, lucha contra el alcoholismo y la drogadicción, combate al maltrato doméstico, apoyo a los niños de la calle, cuidado de la salud, etcétera.
En estos rubros son en los que se presentan coincidencias entre otro tipo de organizaciones con las que salen de las iglesias, más allá de los objetivos últimos que persiguen. Quizás en aquéllas el propósito sea la generación de la participación social, quizá en éstas sea la adhesión a sus doctrinas.
Independientemente del objeto de la organización social, es legítima en ambas y en las dos debe apoyarse una estrategia de vinculación hacia la sociedad, marcando perfectamente la separación de los objetivos de la lucha para el bienestar social.

c. Practicar la recreación

Los espacios que la población dedica a la recreación son cada vez más grandes. Una de las características más significativas de las economías modernas es la tendencia a la reducción no sólo de las jornadas de trabajo, sino también a la menor necesidad de empleos formales que exige para su funcionamiento eficaz. Implica, por tanto, que la población invierte menos tiempo en actividades productivas que se dedican ahora al ocio, el esparcimiento, el ejercicio, etcétera, pero también y especialmente en las grandes ciudades, al transporte, dadas las condiciones del tráfico y el servicio público. No son poco frecuentes los casos de personas que invierten 5 horas y más para ir del hogar al trabajo y viceversa.
La recreación nace como una actividad restringida al ámbito familiar y poco a poco va adquiriendo un carácter social y colectivo y también formativo y solidario, hecho de la mayor importancia toda vez que será, en un futuro no lejano, la actividad a la que más tiempo le dedique el ser humano.
Aunque es difícil distinguir las formas que adquiere la organización social en estos tópicos, toda vez que muchas son prácticas individuales y otras familiares, la necesidad social de que esos satisfactores realmente lo sean para un mayor grupo de individuos o que la calidad que se presta sea más alta, hace que poco a poco pueden advertirse agrupaciones que exijan alguna de las condiciones señaladas.
Sin embargo, nada más alejado de la organización colectiva que los televidentes. Esa enorme masa de personas que dedican una buena parte de su tiempo de asueto a ver televisión, no exige nada y se conforma con lo que las televisoras quieren transmitir. Existen muy pocos esfuerzos para hacer, por ejemplo, una televisión que forme, informe y entretenga con niveles mínimos de calidad. Es cierto, por desgracia lo que señala Sartori “… Por encima de todo, la verdad es que la televisión es la primera escuela del niño; y el niño es un animal simbólico que recibe su… impronta educacional, en imágenes de un mundo centrado en el hecho de ver. (Ese video niño) no crece mucho más. A los treinta años es adulto empobrecido, educado por el mensaje: “la cultura, que rollazo” … es, pues, un adulto marcado durante toda su vida por una atrofia cultural”2.
En los televidentes se cuenta con un espacio virgen para hacer una real movilización que tenga como objetivo la elevación de los estándares de transmisión, producción de programas de entretenimiento con inteligencia, información que no tome partido y una diversión que supere el chiste fácil, una televisión en la que no impere la sola imagen, sino en la que los contenidos sean parte central.
Esas acciones sólo pueden provenir del ciudadano organizado. Si éste deja en aquéllas esa tarea lo que veremos es simplemente la lucha conocida por el raiting, con la consiguiente pérdida de contenidos televisivos.
En la radio las cosas no son muy diferentes. En los últimos años se ha podido observar una lucha feroz por la apropiación de las frecuencias que conlleva la formación de bloques, al tipo de la televisión. Los contenidos programáticos no han mejorado, quizá con la excepción de los noticieros. De los medios de comunicación, la radio es quien ha contribuido más al proceso de democratización del país, y quizá lo único que pueda objetársele es la saturación de información que se transforma, casi automáticamente, en desinformación.
Tampoco se presenta en la radio mecanismos mediante los cuales los ciudadanos presenten alternativas para incrementar la calidad de los contenidos de los programas. La payola sigue siendo el método casi único para seleccionar la música a difundir.
Si las cosas están mal en los medios de alcance nacional, en los de ámbito local y regional, la programación de la televisión y la radio son mucho peores; pero la situación de los medios escritos es patética, con el pasquín como forma de presentación, que envilece el periodismo y denigra a los lectores.
Al ser este un trabajo sobre los orígenes de la organización social, no se hace un estudio amplio sobre las intensidades que ha alcanzado el tiempo que los individuos dedican a las redes sociales y los mecanismos de comunicación remota. Es claro que en lo relacionado con la recreación, las redes vinieron a trastocar los principios de los individuos en casi todas las actividades de la cultura o la falta de ésta.
Cosas distintas suceden en otras actividades que se encuentran dentro de la recreación; el cine, por ejemplo. El peso adicional que se propuso pagar en cada entrada al cine, con el propósito de apoyar la producción y distribución de cine nacional, es producto de la organización social del público interesado, así como de intelectuales, artistas y políticos.
Permítase señalar un ejemplo de organización colectiva con objetivos alcanzados, aunque se refieran a un acto de poca trascendencia social: los clubes de aficionados. Un grupo de jovencitas, cuyas edades fluctúan entre los 10 y los 25 años gustan de un cantante o actor. Por medio de la radio, y ahora de internet, se enlazan y deciden realizar actividades para conocer más a su artista, poder disponer de su producción y asistir a los eventos en los que se presenta, objetivos todos que se alcanzan y logran los que persiguen.
Con este ejemplo sencillo no se pone a discusión las posibles aportaciones que esas actividades puedan hacer a la cultura o la formación profesional de las personas que participan, lo único que se pretende es mostrar como un objetivo común puede ser alcanzado con la participación de todos los que aspiran a él.
En las prácticas deportivas es en donde la organización social cobra un sentido más amplio. En casi todas las unidades deportivas de carácter popular, son los mismos deportistas quienes se organizan para alcanzar mejores condiciones de sus instalaciones. Son ellos quienes instituyen torneos y competencias en las que se divierten e incrementan sus niveles competitivos. Son ellos quienes exigen y logran que las autoridades municipales y estatales le pongan más atención a sus precarias instalaciones o les proporciones instructores que les enseñen métodos más modernos de acondicionamiento.
Este tipo de organizaciones tiene un carácter informal; funcionan casi por evento y aparecen y desaparecen con más frecuencia de la deseada. Sin embargo, está en ellos la formación de la cultura física en los niños y jóvenes.
En este mismo sentido operan las organizaciones de mujeres que en las colonias de clase media y popular deciden por ellas mismas instalar talleres de confección, manualidades, producción artesanal, dar clases de baile, etcétera y logran sus objetivos usando los mismos procedimientos señalados. Más aún, muchas de las actuales organizaciones de defensa de la mujer empezaron por ser simples lugares en los que se enseñaba a hacer productos manuales.

d. Recibir educación.

Es de hacer notar el éxito que han tenido los movimientos estudiantiles para hacer prevalecer la educación universitaria gratuita. Con muy pocas excepciones, las fuerzas políticas nacionales tienen entre sus objetivos reducir los apoyos a las universidades del país, tanto que han permeado a buena parte de la opinión pública sobre la necesidad que tiene la nación para hacer que la educación universitaria, se convierta en una mercancía más de una economía liberal.
Frente ese embate, sólo la movilización universitaria ha sido capaz de detener la creciente corriente que insiste en que las finanzas públicas deben liberarse de la educación para dedicarse a otras esferas del gasto.
Aunque son importantes y significativos para la lucha social los logros alcanzados por los movimientos estudiantiles, su radicalización y falta de coherencia les han impedido dar la lucha por revertir la tendencia de pauperización que sigue la educación universitaria, y en general, toda la educación pública.
Sólo a partir de ellos será posible hacer que la educación se convierta en una prioridad nacional, que los presupuestos que se destinan al rubro educativo se incrementen hasta tener una educación de calidad, en presionar que los medios de comunicación contribuyan al esfuerzo educativo nacional, para desdecir la vieja conseja de que lo que la escuela construye en la mañana, la televisión lo destruya por la tarde, para hacer que la estructura productiva tenga la orientación para necesaria captar a los profesionales que egresen de las escuelas de educación pública, para garantizar que la educación que imparte el Estado siga siendo laica, para que los universitarios tengan una efectiva identificación con los grandes problemas nacionales.
Pero en el proceso educativo también confluyen otros actores con participación decisiva: los maestros y los padres de familia.
No deja de ser destacable que algunas organizaciones de padres de familia en su célula básica: la escuela, estén atendiendo actividades de la mayor trascendencia del tipo de la ordenación de los desayunos escolares, aportando el trabajo para la elaboración de alimentos calientes, participando en los trabajos de mantenimiento de los planteles escolares, incluso con la aportación voluntaria de materiales, luchando por la instalación de nuevos planteles en las comunidades más marginadas, es decir, con la realización de estas actividades suplen las atribuciones asignadas a la autoridad educativa, que se ve impedida de hacerlas dadas las precarias condiciones de los presupuestos destinados a la educación y el mantenimiento de toda una burocracia sin función educativa.
Sin embargo, la gran mayoría de este tipo de organizaciones solo existen de membrete y no tienen ningún tipo de aportación al proceso educativo nacional. Más aún, sus dirigencias están cooptadas por la autoridad educativa y se suman al combate que desde las fuerzas más regresivas del ámbito nacional se hace a la educación pública gratuita.

 

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