Última actualización el 9 de noviembre de 2018
Joshua Abenamar Balcells González

A principios de los años setenta del siglo XX la UNESCO declaró la cultura como un elemento fundamental que debería estar presente en los programas de desarrollo social de las naciones unidas. Como consecuencia de este nuevo orden mundial en materia de educación, ciencia y cultura, se comenzaron a realizar declaratorias de lugares patrimonio cultural de la humanidad y con ello los programas de desarrollo, conservación y difusión de este patrimonio en Latinoamérica se redimensionaron durante los años ochenta (Zúñiga, 2013:195-196), especialmente en aquellos países cuyo pasado precolonial había sido empleado para la construcción de las identidades nacionalistas en los periodos postindependentistas, y en cuyo territorio moderno se conjugaban dos variables: cultura material prehispánica monumental y amplios escenarios ambientales. Esta coyuntura entre la participación de organismos internacionales y los estados nacionales culminó en un proceso de patrimonialización que permitió cristalizar entre otras cosas, la constitución del patrimonio como mercancía turística (Zúñiga, 2013:196) (Figura 1 y 2).

En México las declaratorias internacionales de patrimonio cultural y natural comenzaron alrededor de 1987 y se articularon de manera perfecta con las políticas dedicadas a promover el desarrollo social y el paradigma del progreso socioeconómico a través del turismo, principalmente porque en los años sesenta e incluso antes, para el estado mexicano el turismo comenzaba a figurar como una de las fuentes de ingresos más importantes, de manera que la inversión millonaria alrededor de estos lugares nunca representó un riesgo. Ya sea desde la más pura visión mediática o bien a partir sus efectos infraestructurales, tal ha sido el éxito de la industria turística que a través de la política económica

gubernamental de los últimos sesenta años, se han instrumentado inversiones millonarias para el impulso de dicha industria, lo cual ha tenido un considerable impacto en sector económico y social del país. En esta dirección desde los organismos internacionales, las entidades gubernamentales, los grandes consorcios, la pequeña y mediana empresa o bien desde la clase obrera, poco se ha cuestionado el paradigma del turismo como motor efectivo de desarrollo social: el turismo sobre el relieve de la complicidad social (Figura 3).
Sin embargo desde la antropología y el razonamiento común también es posible entender la industria del turismo como generador de problemáticas sociales como la corrupción institucional y social, el enriquecimiento ilícito de funcionarios, la mercantilización de la cultura y daños irreversibles al patrimonio cultural y ambiental, cuyos efectos principales son la trivialización y desarticulación del contexto histórico de aquel patrimonio, a manera de simplificarlo en un mundo globalizado y terminar por mercantilizarlo (Figura 4).
Dentro de los procesos históricos y territoriales de Chiapas sobresale la ocupación urbana/rural de áreas con altas densidades de monumentos y cultura material prehispánica, así como los contextos de producción de discursos y actividades económicas que derivan del pasado prehispánico pensado como patrimonio cultural. No menos importante resulta la discusión del impacto del turismo en la zona arqueológica de Palenque bajo la premisa de que más allá de convertirse en motor de desarrollo y bienestar social, el paseo de ocio también es una actividad que sirve como catalizador de disputas territoriales entre las instituciones y los grupos que se ven beneficiados por la derrama económica del turismo. En este proceso todos los agentes bajo un reclamo de pertenencia a un territorio, a una institución y a un pasado prehispánico han terminado por olvidar los valores culturales y educativos del patrimonio.

Al igual que en otras zonas de monumentos arqueológicos, en Palenque se ha logrado una valoración confusa sobre el uso de los recursos patrimoniales. Por un lado el valor de la zona como patrimonio cultural magnifica la necesidad de sistematizar su investigación, conservación y difusión con fines educativos e identitarios, pero por otro lado la propiedad se constituye como cultura mercantil dentro el eje económico regional, nacional e incluso mundial, hecho que ha terminado por ubicar la zona en el sentido inverso de su declaración como patrimonio cultural. Aquí las obligaciones del estado sobre la administración conservación se han visto rebasadas por la ineptitud y/o corrupción inmediata dentro del mismo gobierno; por los compromisos político-económicos que asume la institución cada sexenio; por el curso mediático de sus relaciones con la macro-industria turística, o bien por los conflictos enfrentados con los grupos que coexisten diariamente con el lugar, quienes desconocen a la autoridad y reclaman justamente la zona como única fuente de ingresos económicos que permita sostener diversos modos de vida en la región. En las siguientes líneas se discute el fenómeno de patrimonialización y explosión turística; el comercio de elementos del patrimonio cultural; de los procesos de reelaboración territorial que coinciden o bien que persiguen la apropiación del patrimonio; y no menos importante el problema del turista como cómplice, observador y consumidor de la folclorización de las expresiones de cultura prehispánica y popular.
Premisas generales del territorio y procesos de reelaboración

Por diferentes causas histórico-sociales los grupos que ocuparon Mesoamérica precolombina experimentaron durante más de 500 años, procesos complejos de mestizaje, reelaboración ideológica y territorial, un hecho tangible y todavía persistente en nuestras historias de vida reciente. Estos procesos provocaron la re-ocupación, bajo un concepto político-territorial de estado-nación, de áreas con altas concentraciones de cultura material prehispánica y recursos ecológicos (Figura 5). En la sierra norte de Chiapas estos procesos han sido constantes desde tiempos prehispánicos sin embargo se intensificaron (bajo presiones alineadas de occidente) alrededor de 1543 cuando comenzó el desplazamiento de grupos choles y tzetales a diferentes puntos de la región. Lo anterior sugiere el grado de movilidad y el carácter pluricultural de los grupos que en su conjunto han ocupado la Sierra Norte de Chiapas, ello sin mencionar el impacto de los procesos territoriales del siglo XVIII, XIX, XX y los actuales2.

Actualmente en estas áreas coexisten discursos de facto3 sobre el pasado prehispánico, algunos de ellos han persistido en el tiempo y tienen raíces remotas con respecto a la cosmovisión prehispánica del espacio; otros discursos se han modificado y se presentan como alteridad frente a esta cosmovisión tomando como referente inmediato las condiciones sociales del presente. Sin embargo no todos los discursos mantienen una relación armónica frente aquellos de jure4 emanados por las ciencias e instituciones, generando conflicto sobre la forma en cómo se concibe el pasado, qué debiera conservarse, y quiénes tienen el derecho de hacer uso del mismo (institución versus población civil).
Durante al menos 80 años los planes oficiales de investigación, conservación y difusión del patrimonio arqueológico en México han operado fuera de estas premisas y se ha privilegiado un discurso simulado de acción política-económica (centralizada) que a pesar de haber beneficiado en la declaración y conservación de áreas con altas densidades de monumentos así como bienes muebles, también se ha alejado de la periferia y se ha limitado a construir una figura mediática, a ofertar y lucrar con el pasado, actualmente bajo un enfoque neocolonial referido como paisajes culturales (Figura 6). Estos discursos han entrado en conflicto con los usos y costumbres populares, ya sea por valoración económica o bien por valoración identitaria del pasado. Ello sugiere la existencia de grupos sociales habitando territorios complejos, donde sus pobladores tienen intereses diversos sobre lo que debe o no debe conservarse (llámese la heterogeneidad cultural del país).

Los programas nacionales de conservación del pasado prehispánico deberían operar bajo la comprensión histórica y diacrónica de los procesos territoriales, tomando en cuenta las valoraciones locales de los aspectos tangibles e intangibles del patrimonio cultural, no menos importante la valoración de los escenarios medioambientales, pero bajo criterios que presenten armonía con tales procesos. En esta dirección también sería importante que los grupos que coexisten diariamente con el patrimonio cultural arqueológico terciaran el pasado a través de un esquema lúdico y educativo en armonía con el interés lucrativo. ¿Qué podemos hacer frente a estas problemáticas? La construcción del pasado prehispánico es producto de la coexistencia de múltiples discursos y las acciones encaminadas a la conservación de sus aspectos tangibles e intangibles competen a una responsabilidad social. Aquí es posible que el reto de las disciplinas sociales y humanistas en el siglo pasado haya sido aprender a convivir con enfoques mutuamente irreconciliables, sin embargo en el siglo XXI el reto radica en la aplicación de los conocimientos generados por la investigación dentro de los planes de desarrollo y conservación social gubernamental.
Antecedentes históricos del sitio arqueológico5

Se insiste que las primeras referencias sobre “las ruinas” de Palenque se remontan a finales del siglo XVIII dentro del mundo colonizado, pero no es así. Sin lugar a dudas es en la misma prehispanidad (en un sentido émico) cuando se consolida una conciencia de la existencia de un pasado y de la construcción una identidad propia basada en ese devenir temporal (no a la inversa y siempre en un sentido ético) . Además,desde una perspectiva occidental, llámese del mundo moderno, es a mediados del siglo XVI cuando tenemos las primeras referencias, las cuales estuvieron ligadas a la fundación del pueblo de Palenque. Fray Pedro Lorenzo de la Nada, misionero de Chiapas, “funda” (desde un sentido ético) el pueblo entre el año de 1567 y 1568. Jan de Vos (2010:61) sugiere que el dominico fundó el pueblo con este nombre en homenaje y referencia a las ruinas o “palenques”:
“Durante la época colonial, esta palabra significaba, entre otras cosas, sitio cercado, lugar fortificado, ciudad amurallada. Tiene [palenque como sustantivo abstracto] esta significación, en un documento de 1629 que habla de la existencia, cerca de Ocosingo, ((de unos edificios o Palenques antiguos que los indios llaman Cangabanal )) (medida de un sitio ganado por Juan de la Tovilla, AGC, A.3. 30-4334-330). Dada esta coincidencia, es más probable derive de su nombre español de las ruinas que se elevan en su cercanía.” (de Vos, 2010:61)

Por esta condición, en muchos lugares la creación de “nuevos pueblos” durante la colonia realmente corresponde a procesos de re-fundación o re-ocupación de áreas abandonadas previamente (hay que revisar el caso de Palenque como cabecera municipal). Ello supondría evidencia para argumentar que el fraile y especialmente los indígenas de la región que fueron concentrados en Palenque ya tenían conciencia de la existencia de las ruinas de la antigua ciudad y su monumentalidad (en un sentido émico). Ello cobra sentido si revisamos las crónicas del siglo XVI y principios del siglo XVII, las cuales detallan la existencia varios centro cívico-ceremoniales prehispánicos choles y tseltales en el territorio comprendido por los actuales municipios de Ocosingo, Yajalón y Palenque. Varios de estos asentamientos debieron corresponder a centros fundados luego de la caída de las cabeceras regionales durante el Clásico Terminal (900 – 1000 d.C.) y la posterior migración a nuevos territorios para fundar nuevos pueblos; otros sitios seguramente corresponden a lugares con una secuencia de ocupación más larga e ininterrumpida, o bien a sitios formados durante el siglo XVI como resultado de las continuas huidas a la selva, en un intento por escapar de las actividades de evangelización y reducción (Figura 7).

De cualquier modo a diferencia de los altos de Chiapas, de los documentos dominicos de la época no se tiene registro de informes detallados del sitio arqueológico de Palenque, mucho menos sobre la valoración del sitio posterior a su abandono en el año 900 d.C (es necesario seguir revisando archivos en México, Guatemala y España). Es hasta finales del siglo XVIII a raíz de las notificaciones realizadas por el canónigo Ramón Ordoñez y Aguiar sobre la existencia de las “ruinas de Palenque” que las autoridades españolas de la época comisionaron a varios funcionarios para investigarlas. Destaca el informe preparado para la Real Audiencia de Guatemala, realizado en 1784 por José Antonio Calderón, Alcalde Mayor de Palenque, o bien el informe de 1787 realizado por el Capitán Antonio del Río, dirigido a la misma audiencia. Son estas las primeras notificaciones occidentales oficiales sobre la existencia del sitio arqueológico. Posteriormente en el transcurso del siglo XIX fueron numerosas las crónicas, informes y dibujos que realizaron viajeros, anticuarios y pioneros de la arqueología. Entre ellos podemos mencionar la visita de Dupaix (1807 – 1808), Frédérik Waldeck (1832), John Herbert y Patrick Walker (1840), Stephens y Catherwood (1840), Desiré Charnay (1857 y 1882), Manuel Larráinzar (1975), Alfred Maudslay (1890 – 1891), entre otros (Figura 8, 9 y 10).

Ya entrado el siglo XX Palenque comenzó a recibir atención oficial del gobierno de México, y entre 1922 y 1923 Manuel Gamio, inspector general de monumentos arqueológicos de la Secretaría de Educación Pública, comisionó al arqueólogo Franz Blom para realizar una inspección sistemática del sitio y su estado de conservación. Con base al informe de Blom sobre el sitio, la región y sus monumentos, se formularon las primeras propuestas para el inicio de los trabajos arqueológicos. Sin embargo fue hasta 1934 cuando comenzaron los trabajos de exploración y conservación, a cargo de Miguel Ángel Fernández con quienes colaboraron Heinrich Berlin y Carlos Margain. Posteriormente Alberto Ruz y su equipo de trabajo, entre ellos Cesar Sáenz, llevaron a cabo diez años de exploración, investigación y conservación del sitio, especialmente en el área cívico-ceremonial del sitio, de 1947 a 1959 (Figura 11).

Vale la pena señalar los trabajos de registro y conservación de Merle Greene Robertson durante la década de 1970 y principios de 1980, a quien se debe el amplio registro fotográfico y el vasto corpus iconográfico del sitio, especialmente del Palacio. Posteriormente ya entrados los años ochenta del siglo pasado se llevaron a cabo exploraciones a cargo de Rosalba Nieto Calleja y Humberto Schiavon. En 1989, el arqueólogo Arnoldo González Cruz es nombrado director del Proyecto Arqueológico Palenque (INAH). A partir de esa fecha y hasta el presente se han llevado a cabo labores de excavación y conservación tanto en el área monumental del sitio como en los sectores habitacionales (Figura 12).
El hallazgo arqueológico como motor de cambio

Es durante los años cincuenta y especialmente sesenta del siglo pasado como resultado de las exploraciones arqueológicas, trabajos de conservación y descubrimientos realizados por Alberto Ruz, principalmente el hallazgo de la cámara funeraria de Pakal en el Templo de las Inscripciones en 1952, que Palenque comenzó a ser visitado por “viajeros de ocio” y frecuentado por especialistas. Los visitantes se remitían a viajeros de aventura, hippies y frecuentemente antropólogos que buscaban encontrar un lugar de esparcimiento, aprendizaje y ocio (Figura 13). Es en estas fechas cuando la población local y regional, comenzó gradualmente a sentir una atracción económica, si bien incipiente, sobre el sitio arqueológico. Previamente las actividades económicas estaban centradas en una economía basada en la agricultura de montaña y planicie, y por otro lado en las actividades ganaderas que se desarrollaban en los grandes ranchos de oligarcas de la región en pie de montaña y la llanura costera.
En esta dirección podemos afirmar que la larga tradición de relatos y crónicas de los viajeros devenidas de finales del siglo XVIII sobre la monumentalidad del sitio, pero especialmente los trabajos arqueológicos sistemáticos y hallazgos de la década de 1950 y 1960, ocasionaron la presencia progresiva de visitantes en el sitio y en el pueblo de Palenque. Estos hechos impactaron de la siguiente manera en las actividades de subsistencia de la población inmediata (llámese proceso de reelaboración territorial y cambio social):
a) Los trabajos arqueológicos comenzaron a representar una fuente temporal de ingresos a través del empleo de campesinos indígenas locales (choles y tseltales) y pueblerinos castellanizados como mano de obra en las exploraciones del Proyecto Palenque. También vale la pena señalar la presencia de grupos mayas yucatecos que llegaban del centro y sur de la península, o bien de Tabasco, quienes tenían una buena reputación en los trabajos de albañilería en el Puuc y otras regiones arqueológicas.
b) el empleo de gente del pueblo, rancherías y ejidos como guardianes oficiales del sitio. Dicha práctica se constituiría con el paso del tiempo (para bien y para mal) en el sistema oficial de custodia del sitio.
c) el surgimiento de los primeros guías de turismo encargados de conducir el recorrido en el sitio arqueológico y los alrededores.
d) la aparición de la alguna vez exquisita y elegante técnica del pirograbado en piel bovina, o bien el otrora distinguido labrado de piedra caliza, ambos trabajos artesanales plasmaban programas jeroglíficos e iconográficos de Palenque. El aprendizaje de estas técnicas y la reproducción de piezas se convertirían progresivamente en una fuente de ingresos, así como también en el sello distintivo de la producción artesanal de Palenque desde fines de 1960 hasta 1990.
e) el surgimiento de los primeros servicios de hostería y comedores tanto en el pueblo como en los alrededores del sitio, imperando la modalidad de campamento; los primeros restaurantes y servicios de transporte. Todas ellas actividades comerciales destinadas al turismo incipiente que comenzaba a frecuentar el sitio arqueológico.

Entre 1970 y 1990, la zona arqueológica de Palenque (el área de monumentos, las instalaciones administrativas y de servicios) era un área de interés turístico y cultural en armonía ya que las redes laborales estaban basadas en relaciones interpersonales (entre gente del pueblo y los alrededores). Por casi tres décadas la zona arqueológica ofreció un espacio de recreación, aprendizaje e interpretación a partir de los esquemas de administración, operación y manejo de sitios del INAH, cuyas estrategias devenían sin mucha transformación de modos de operar de los años 70´s y 80´s, un sistema simple de administración y custodia del sitio ejecutado por personal de la comunidad.
Sin embargo ante el aumento demográfico, los hallazgos arqueológicos monumentales, el crecimiento de las campañas que provocaron el aumento de la afluencia turística, así como diversos procesos territoriales y políticos regionales, comenzaría a gestarse un conflicto entre el personal de administración y custodia de la zona y quienes aprovechaban la derrama económica del sitio. (Figura 14).
La década de los noventa y el nuevo siglo: patrimonialización cultural, explosión turística, comercio, migraciones y conflictoso

A partir de 1990 y durante toda esta década se dieron cambios importantes en la zona arqueológica, los cuales fueron promovidos por la combinación de factores histórico-sociales, principalmente por acciones específicas orientadas a la globalización de la conducta (y no por casualidad o por culpa de la movilización social como quieren hacernos entender las instituciones gubernamentales). Entre algunos ingredientes destaca la declaratoria patrimonial y cultural mundial de la zona de monumentos históricos y arqueológicos, en conjunción con la creación o bien la consolidación de corredores turísticos y comerciales como el pasaje San Cristóbal – Palenque, basado en el aprovechamiento de “riquezas arqueológicas y bellezas naturales”; el aumento del derrame económico turístico y el arribo de nuevos comerciantes; el conflicto armado de 1994 a cargo del EZLN y el desplazamiento de miles de personas de los Altos y la Zona Selva a la parte norte del estado, en colindancia con Tabasco; no menos importante, el fenómeno de migración del campo a la ciudad en la región de Palenque y Salto de Agua, bajo el paradigma de la urbe como motor de bienestar social; las facilidades gubernamentales para la entrada masiva de empresas extranjeras con gran poder económico que se enquistaron en la industria turística; la migración de civiles norteamericanos y europeos para residir en Chiapas (de manera ilegal o legal); y por último la llegada de masas turistificadas, que en la búsqueda de la otredad exótica y el ocio, comenzaron a operar como un simple elemento de reconocimiento social que fue utilizado en la lucha simbólica de las clasificaciones nacionales, es decir el turista (de aquí y de allá) como observador y consumidor de la folclorización de las expresiones de cultura prehispánica y popular local (Oehmichen, 2013b:56).
Patrimonialización cultural y explosión turística

Palenque al igual que otros lugares de interés arqueo-histórico ha sido objeto de un proceso de patrimonialización. Patrimonializar refiere a la conversión de la cultura en objeto fijo producto del pasado, pero también es un fenómeno que satisface la razón del capitalismo global que busca la apropiación de todo aquello que sea idóneo de transformarse en mercancía, aquello que pueda ofrecerse dentro de la sociedad de consumo (Oehmichen, 2013a:46).

Sin explicar a la sociedad los beneficios y maleficios propios del
patrimonio globalizado, la zona arqueológica de Palenque fue declarada en 1989 como Patrimonio Cultural de la Humanidad por parte del UNESCO. Sin estudios previos de diagnósticoimpacto socioeconómico y ambiental, aumentaron las campañas en radio y televisión para promocionar Palenque de acuerdo a la política cultura-turismoconsumo. Como los hallazgos arqueológicos sucedidos en décadas previas ya eran considerados obsoletos, el gobierno federal a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia impulsó la excavación intensiva (a veces asistemática) del sitio arqueológico. Dentro de esta política se pueden mencionar las actividades mercenarias del Megaproyecto Arqueológico Palenque (INAH) que a través de la liberación de millones de pesos por parte del gobierno federal, pondría atención en la conservación del núcleo cívico-ceremonial del sitio, la excavación y apertura al público de unidades habitacionales alrededor del núcleo (Grupo I, II, IV, B, C y Murciélagos), y con ello la llegada de nuevos descubrimientos monumentales, como el caso de la Reina Roja en el Templo XIII en 1994. Así también la remodelación del campamento de investigación, ampliación y habilitación de bodegas de materiales, la construcción del museo de sitio, edificios administrativos y el área de servicios turísticos (Figura 15, 16 y 17).Como consecuencia de estas actividades, la estructura administrativa-operacional de la zona exigió mayor complejidad con respecto a la custodia, “especialización” de recursos humanos en materia de salvaguarda y “administración” de patrimonio cultural. Ello promovió la contratación de personal temporal para el mantenimiento del sitio, apertura de plazas y fortalecimiento sindical para los emplazados. La infraestructura del sitio y la zona incrementaron en cuanto a instalaciones, mobiliario, señalización, remodelación de estacionamientos, reubicación de comerciantes, etc.

Hacia 1992 el aumento de visitantes y el aumento en las entradas económicas de la zona arqueológica era más que evidente. Este derrame traspasó el imaginario de propios y extraños tanto en el pueblo de Palenque como en la región. Actualmente no se sabe oficialmente cuánta gente visita el sitio ya que las instituciones han evitado proporcionar este dato o bien porque cuando proporcionan la cifra es cuestionable. ¿Por qué? Porque el boletaje y los conteos asistemáticos no son garantía, se requiere de un estudio y un sistema estadístico que permita el conteo cuantitativo y cualitativo. De acuerdo a nuestros estudios etnográficos y de acuerdo al conteo realizado entre el año 2013 y 2014, un promedio de 6500 personas visitaron diariamente el sitio arqueológico en las 3 temporadas altas (semana santa, verano y temporada decembrina), mientras que un promedio 600 personas visitaron dicho lugar en la temporada baja (saque usted las conclusiones) (Figura 18).
Comercio

La vida comercial tranquila del lugar, que hasta 1990 se remitía a 10 concesionarios del INAH y el grupo de Lacandones dedicados a comerciar con artesanías locales, así como el grupo de lava-carros emplazados en el estacionamiento y el Restaurante Xaman-Ek administrado por los custodios del sitio, se alteró drásticamente. De la mano de un mayor derrame económico arribó el comercio informal de artesanías, alimentos, bebidas, productos de catálogo y distribuidores de productos envasados o bien bebidas endulzadas. Así se inició una disputa comercial y legal entre la institución y aquellos quienes se establecieron fuera del marco normativo-fiscal, dentro y fuera del sitio arqueológico (Figura 19).

Otros conflictos de la misma naturaleza se suscitaron entre los guías acreditados por la Secretaría de Turismo y aquellos “piratas”, algunos de los cuales formaron grupos nuevos y se normalizaron para obtener su licencia, y otros que hasta la fecha continúan operando de manera informal. Al igual que en otras zonas arqueológicas del país, cientos de niños y jóvenes de comunidades aledañas dejaron de asistir a la escuela, en este caso para dedicarse a la venta de glifos del calendario maya elaborados a partir de piedra caliza, o bien para ofrecer su servicio como guías no acreditados (Figura 20).Actualmente el número de personas que se dedican a la venta de artesanías y alimentos es tan alto que arriban caravanas de mercaderes a vender a precio de mayoreo artesanías de Yucatán, Campeche, Tabasco, Veracruz, Oaxaca, Guerrero, Estado de México, Puebla, Hidalgo, Guanajuato, Jalisco y Michoacán e incluso desde Guatemala. Esto derivó en el abaratamiento y deterioro en calidad e incluso el olvido de la artesanía local.
Migración

Actualmente el extenso territorio de Palenque, con una superficie de 2897.443 km², es tierra de migrantes. El INEGI reportó en el censo del año 2010, 110,918 habitantes, con una densidad de ocupación de 38.28 habitantes por km². En el transcurso del siglo XX se recuerdan dos grandes migraciones oficiales. La primera entre 1950 y 1960, cuando el gobierno de la república decreta que en Chiapas hay tierras no colonizadas y llegan a Palenque un gran número de familias del norte y la zona del golfo del país para el reparto agrario. Durante esta época llegan también grupos choles y tseltales para fundar nuevos ejidos y rancherías. La segunda gran migración se dio a partir del movimiento armado de 1994, donde miles de familias desplazadas llegaron de los altos y la zona selva de municipios como Ocosingo, Chilón, Yajalón, Tila, entre otros, a Salto de Agua y Palenque, a vivir con familiares ya albergados en esta región y posteriormente a fundar nuevas localidades (Figura 21).
Muchas de estas familias migrantes se asentaron en ejidos como el Naranjo, Adolfo López Mateos, Santa Isabel, Cuauhtémoc Cárdenas, La Cascada, Ampliación Cerro Norte, entre otros, y manifestaron su presencia en la zona arqueológica a causa precariedad de las condiciones de trabajo en el campo, mientras que las nuevas generaciones lo atribuyen al hartazgo de la actividad agropecuaria como modo de vida. Dichas causas llevaron a los grupos migrantes a encontrar en la zona arqueológica una fuente alterna de recursos, propiciando la venta ambulante de artesanías y alimentos, o bien prestando su servicio como guías.
Las instituciones y los conflictos
En este complejo proceso social de 25 años (de 1989 a 2014), tanto las autoridades como los grupos sociales beneficiados con el derrame económico del turismo son responsables de varios conflictos sociales y de la imagen de tianguis dentro del sitio arqueológico, así como de serios daños al medio ambiente y a los monumentos. Todos bajo un reclamo mutuo de pertenencia a un territorio y a un pasado prehispánico, terminaron por limitarse a ofertar y lucrar con el mismo. Ante la problemática en cuestión las autoridades del Instituto Nacional de Antropología e Historia a través de una administración ineficaz de la zona arqueológica, no fueron previsoras y no hubo interés en aplicar un estudio del impacto social y ambiental. Tampoco se recuerda ninguna medida para frenar o regular el ambulantaje más allá de una simulación. Esta política seguramente derivó de la falta de autoridad-calidad moral de la institución, y de la cautela con la cual actuó el Gobierno Federal luego del levantamiento armado en los altos de Chiapas, de tal manera que esta práctica corrupta en las relaciones de poder generó un vacío de autoridad con respecto a la conservación del patrimonio arqueológico en Palenque.
Durante la primera década del siglo XXI, el personal de administración y custodia del sitio fue rebasado por un problema nacional de orden social, histórico y político: el uso y los abusos sobre el pasado prehispánico en términos de patrimonio cultural. Este hecho se agudizó con el fracaso de un aparato burocrático no especializado para ejercer funciones administrativas, jurídicas, operacionales, logísticas, de investigación social y recursos humanos en relación al concepto de patrimonio cultural, aparato que comenzó (por su naturaleza) a caminar sin autoridad y sin herramientas para crear un canal de diálogo con los diversos grupos con quienes coexisten.

La situación alcanzó mayor complejidad cuando alrededor del año de 2006, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) a través de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas comenzó a ejercer el cobro para acceder a un “parque nacional” fantasma. Según la información gubernamental el parque nacional es un espacio natural protegido ubicado en la zona arqueológica de Palenque, con una superficie aproximada de 1,772 hectáreas (¿?), creado mediante un decreto expedido el 20 de julio de 1981 por el entonces presidente de México José López Portillo. Sin embargo el parque no existe puesto que los terrenos son propiedad privada (y los habitantes del Valle del Michol, por ejemplo, no están de acuerdo con la declaratoria y su discrepancia no equivale a la destrucción ambiental). Además, es probable que existan herramientas legales para argumentar que el decreto pudo haber expirado al pasar más de 30 años sin que la situación del parque fantasma se regularice (Figura 22).
El pago de dos cuotas, la del acceso al parque y otra para acceder a la zona; la prepotencia de algunos funcionarios encargados del cobro y la falta de un Revista Escribas Julio 2018 • num. 1 Pag. 19 inventario de flora y fauna han generado descontento entre el turismo nacional y los grupos locales. Al igual que la institución patrimonial, ante la excesiva derrama económica del turismo, la SEMARNAT no pudo contenerse y dejar pasar la oportunidad de aprovechar esta ganancia.
De especial atención es el descontento de los propietarios de comercios, ranchos y ejidos afectados con la declaratoria, quienes argumentan que no se trata de un parque sino de terrenos propiedad privada, de los cuales se tienen escrituras o título de propiedad. Nuestro trabajo etnográfico sugiere que estas personas se encuentran sensatas sobre la importancia de la conservación del patrimonio cultural y el medio ambiente, sin embargo se oponen a un decreto nacional de parque que afecta su patrimonio familiar. Especialmente se muestran descontentos por la degradación ambiental y los abusos del personal de la CONAMP. Además, alegan que la conservación de la flora y fauna se debe a una preocupación de los propietarios y no es un esfuerzo de la comisión mencionada, misma que al parecer se ha dedicado a ofertar y lucrar con los recursos ecológicos localizados alrededor de la zona arqueológica.
Desde hace varios años las autoridades del INAH y las distintas secretarías de gobierno estatal y federal plantearon como solución la construcción de un complejo de servicios turísticos y comerciales frente a la caseta de la CONAMP, espacio que se supone podrá albergar en armonía a los grupos en disputa, bajo la premisa de que si es más grande el espacio, habrá lugar para todos y de manera ordenada. Dado que esta propuesta no está consensuada por todos los agentes sociales han surgido opiniones encontradas e incertidumbre.
Vale la pena señalar que a lo largo de los años ha sido evidente la ausencia de las autoridades municipales en los conflictos ya mencionados. A mayor paso del tiempo el ayuntamiento muestra mayor indiferencia con el sitio arqueológico más allá de usar motivos iconográficos mayas en los logotipos de cada trienio de gobierno (porque simplemente no saben qué hacer). Esta indiferencia ha permeado a hoteleros, restauranteros y agentes de viaje, cuyo único interés es aprovechar la derrama económica del turismo. Es importante mencionar que en el pueblo Palenque no es raro encontrar niños y adultos que nunca han visitado la zona arqueológica, ya sea por indiferencia o porque las campañas de promoción del sitio arqueológico, tanto a nivel nacional, estatal y municipal están orientadas exclusivamente a la turistificación y no forman parte del programa educativo nacional.
Reflexión
Ante este panorama no todo está perdido, muchas de las personas que coexisten a diario con el sitio arqueológico, especialmente aquellas que tienen entre 20 y 45 años viviendo con y subsistiendo de manera digna del lugar, han mostrado su preocupación por la desintegración social y el caos que llega a imperar en Palenque. Constantemente se habla de la necesidad de difundir con efectividad los trabajos de investigación y conservación arqueológica más allá de medios especializados; de contar con un aparato administrativo cualificado; de lograr un canal de comunicación efectivo entre el ayuntamiento y la población la población local; de frenar el ambulantaje al interior del sitio; de frenar la llegada del comercio informal foráneo y de temporada ( a favor de una política-económica que proteja la economía local); de solucionar el problema de la tenencia de la tierra en la zona arqueológica y en el parque nacional; y principalmente la necesidad de lograr un acercamiento respetuoso entre las autoridades competentes y los grupos relacionados. Subsistir del sitio arqueológico y los entornos naturales no es un pecado, dignifica al individuo porque subsiste de su legado, esta forma de laborar no debe ontraponerse a un aprovechamiento equitativo acompañado de programas de desarrollo social que impacten efectivamente sobre el municipio. Pero quienes disponen de la institución y el patrimonio están cegados.
Actualmente la mayor parte de los artesanos, guías, operadores de transporte público, lava-carros, y personal de custodia del sitio han externado dignamente su preocupación por diversas problemáticas que afectan la conservación del lugar, y coinciden en que el aprovechamiento de los recursos que genera la visita a la zona arqueológica no está peleado con el respeto, valoración y carácter educativo del pasado prehispánico más allá de un uso comercial radical. El turista que visita Palenque debiera considerar estas premisas porque cada vez es más frecuente la visita de ocio e irrespetuosa con los monumentos y el medio ambiente, y es menos frecuente el aprendizaje del pasado prehispánico como herencia cultural.No se trata de reprender y emplear la historia como látigo que flagela el presente.
No se trata de contraponer al concesionado frente al informal (como lo intenta la institución). Se trata de reconocer el trabajo realizado por la población palencana durante décadas, de respetar historias de vida en la zona arqueológica, de realizar la integración étnica y la construcción social-comunal de la institución, del respeto hacia las necesidades inmediatas de subsistencia de todos nosotros (salud, alimentación, educación, cultura, arte, trabajo y salario digno), de conocer la historia para exigir la inclusión del palencano dentro de los cargos más altos y dentro de los programas más efectivos de acción social. Fuera de estas premisas ¿De qué sirven los programas simulados y el personal que mandan desde la Ciudad de México (y el extranjero) si no tienen conocimiento de (ni coherencia con) la realidad histórica, social y económica de Palenque? Que funcione el patrimonio cultural pero para el desarrollo social del municipio, no para enriquecer a la institución y el bolsillo de los funcionarios y los grandes empresarios.
Bibliografía consultada.
Balcells González, Joshua Abenamar y Samuel Galicia Gleason (2014) Documental Antropológico “Voces, usos y discursos del pasado prehispánico en Palenque”. http://youtube.com
De Vos, Jan (2010) Fray Pedro Lorenzo de la Nada, Misionero de Chiapas y Tabasco. Fondo de Cultura Económica y CIESAS.
De Vos, Jan (1998) La Paz de Dios y el Rey. La Conquista de la Selva Lacandona (1521-1821). Fondo de Cultura Económica.
Oehmichen Bazán, Cristina (2013a) “Introducción”, en Cristina Oehmichen Bazán, Enfoques antropológicos sobre el turismo contemporáneo, México: Universidad Nacional Autónoma de México, pp.11-34.
Oehmichen Bazán, Cristina (2013b) “Una mirada antropológica al fenómeno del turismo”, en Cristina Oehmichen Bazán, Enfoques antropológicos sobre el turismo contemporáneo, México: Universidad Nacional Autónoma de México, pp.35- 72.
Zúñiga Bravo, Federico G. (2013) “Los nuevos usos de la cultura y patrimonio cultural en el contexto turístico de México. El caso de Totonacapan Veracruzano”, en Cristina Oehmichen Bazán, Enfoques antropológicos sobre el turismo contemporáneo, México: Universidad Nacional Autónoma de México, pp.193-242.

1Doctor en Antropología por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha realizado dos estancias post-doctorales, una en la Universidad de Granada, España, y otra en la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas.
2En Palenque resulta ineficaz trazar la identidad del municipio (con respecto a 500 años de fundación) desde una perspectiva sincrónica, con la visión subjetiva del texto español, sin abordar el problema de la re-fundación de pueblos o bien la re-ocupación de áreas previamente abandonadas, o bien del establecimiento de un inicio solo a partir de la vida colonial incipiente. En esta dirección, se intenta la reducir la historia de Palenque a 500 años de historia sin fundamento, olvidando el pasado prehispánico bajo un enfoque estático basado en fotografías y narraciones poco veraces del Siglo XX. A este tema regresaremos en próximos textos.
3Sin reconocimiento jurídico.
4Con reconocimiento jurídico.
5Se presenta una versión estrictamente resumida de este tema ya que exponer a detalle esta cuestión merece un artículo especial, por ahora sería imposible por cuestiones de espacio y formato de la Revista Escribas.
6La distinción entre “émico” y “ético” tiene sus raíces en la lingüística de Kenneth Pike, quien hacía una distinción entre fonémica (o fonología) y fonética. En antropología y en general en las ciencias sociales ambos términos se emplean como herramientas conceptuales y metodológicas para diferenciar dos tipos de descripción conductual, fenomenológica e interpretativa de los agentes involucrados en dicha acción. Se entiende émico como el punto de vista del nativo y ético el punto de vista del agente externo que pretende comprender un ambiente ajeno.
7Los corchetes son de quien escribe.
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