
Nació en Chihuahua en 1887 y falleció en Ciudad de México en 1977. Político liberal, periodista de combate y novelista de fondo histórico. Considerado uno de los principales autores realistas de las letras de su país, fue junto con Mariano Azuela el máximo exponente de la llamada «Novela de la Revolución Mexicana».
Tras estudiar en la Universidad Nacional, Martín Luis Guzmán se unió al movimiento revolucionario iniciado en 1910 y sirvió como coronel en las fuerzas de Pancho Villa. En 1914, a raíz del golpe de estado de Victoriano Huerta, Guzmán tuvo que exiliarse en Madrid y Nueva York. Sus experiencias de esa época serían recuperadas muchos años después en las Crónicas de mi destierro. En el exilio escribió un relevante libro de memorias, El águila y la serpiente, valioso por la agudeza y profundidad con la que describe las personalidades de quienes dieron forma a la transformación nacional.
Prestó grandes servicios a los gobiernos de México, especialmente al frente de la comisión organizadora de los libros de texto gratuitos para las escuelas primarias. Como periodista, fundó el periódico quincenal “La Juventud en Veracruz”, dirigió en Nueva York “El Gráfico” en 1917, fundó en México “El Mundo” en 1922, escribió en “El Sol” y “La Voz de Madrid”, colaboró en “El Heraldo de México” y en “El Universal” y fundó y dirigió desde 1942 el semanario “Tiempo”, considerada una de las mejores revistas político-literarias de América.
Su producción fue muy amplia y le valió múltiples reconocimientos, entre ellos el premio Manuel Ávila Camacho y el Nacional de Literatura. En 1929 apareció La sombra del caudillo, considerada una pieza clave para la narrativa mexicana moderna. Esta novela denunciaba la corrupción emanada de la gesta revolucionaria y las misteriosas circunstancias de la muerte de Francisco Serrano, opositor al presidente Álvaro Obregón, que buscaba la reelección en 1928. En 1940 apareció el volumen Memorias de Pancho Villa, libro ejemplar por la manera metódica, inteligente y no por ello menos inspirada de abordar a una personalidad histórica. A ese cuadro se suman obras menores, como Mina, el mozo, héroe de Navarra y Muertes históricas. Tránsito sereno de Porfirio Díaz. Ineluctable fin de Venustiano Carranza. En todos esos volúmenes destaca un profundo conocimiento del lenguaje de México y un singular talento para entregar al lector personajes vivos, enriquecidos con puntos de vista personales y reflexiones profundas sobre su condición histórica.
