Última actualización el 24 de septiembre de 2019
«La oportunidad, o la suerte, me ha llevado a la tierra de los hijos del venado, la dominica Palenque; mi primer pie, en las orillas del Chinichibol, se siente firme y gustoso en suelo palencano. Siempre he pensado que el hombre no es sólo del lugar donde nace, sino también del lugar donde vive, y que bueno que en su morral venga trayendo semilla buena, buenas intenciones y amplia y sentida capacidad, para fructificar y dejar huella en el lugar donde actuará y terminará su peregrinaje y de su función como célula integrante de un organismo insospechado estructurado por el Gran Arquitecto del Universo»

A Palenque -desde que se fundó esta ciudad- han llegado personas que indiscutiblemente le han aportado su conocimiento y trabajo en bien de la sociedad, tal es el caso de Ydalio Huerta Escalante. La mejor biografía escrita del maestro Ydalio (como le llamamos quienes tuvimos la fortuna de haber sido sus alumnos) es la que se plasma en su libro: “El Oticay se ha ido, pero nos dejó su canto” cuya Primera Edición fue hecha en 1992 por el Instituto Chiapaneco de Cultura del Gobierno del Estado de Chiapas. Para los lectores presentamos tal cual dicha biografía:
“El profesor Ydalio Huerta Escalante nació el 21 de abril de 1922 en Jonuta, Tabasco. Sus padres fueron el Doctor Francisco de P. Huerta Villarreal y la señora Amelia Escalante Ceballos de Huerta. Terminó el sexto grado de primaria en la escuela Cayetano Ocampo de Jonuta, a los 11 años de edad, obteniendo el primer lugar. Como premio recibió su primera medalla de «oro» y unas vacaciones a Palenque, que conoció por primera vez en 1933 y donde entabló sus primeras relaciones con el mundo de los mayas, que no lo abandonaría jamás, y sus primeras amistades, entibiando las noches palencanas con el rasgueo musical de guitarras y mandolinas. Por sus altas calificaciones obtuvo una beca en la Escuela Normal Rural de Tabasco » La Granja», donde continuó sus estudios y recibió título profesional en 1942. Las primeras actividades magisteriales las realizó como maestro federal en la escuela de la ranchería Misicap del municipio de Balancán, donde fundó y organizó una escuela con ayuda de los padres de familia. Posteriormente trabajó en Boca de San Jerónimo, municipio de Jonuta; llegó a Palenque en 1943 para hacerse cargo de la dirección de la Escuela Primaria «Niños Héroes», donde desarrolló el primer programa de sexto grado, siendo director de la misma hasta 1975, cuando por decreto expedido por el gobierno del doctor Manuel Velasco Suárez se le concedió su jubilación el 15 de mayo de 1975.

Sin embargo, la obra educativa del profesor Ydalio Huerta Escalante va más allá de la enseñanza primaria; en el año de 1960 fundó con un grupo de profesionistas la primera escuela de segunda enseñanza, la Escuela Secundaria «Revolución», de la que fue director y catedrático. Fue un destacado sindicalista, luchador incansable por lograr el convenio de automaticidad de sueldos de los maestros del estado, durante el gobierno del licenciado Efraín Aranda Osorio. Secretario general de la Delegación D-1-11 en dos ocasiones.

Iniciador en el arte de esculpir la piedra a la manera de nuestros antepasados mayas y que hoy constituye una de las actividades de que viven muchas familias y que dan a conocer a nuestro pueblo más allá de sus fronteras. Testimonio de esa actividad, se conservan en la Fuente Maya de la Ciudad de Villahermosa, Tabasco en el Hotel Palenque, por mencionar algunos.
La música fue su eterna compañera. Sabía ejecutar con mucha habilidad la marimba, el acordeón, el órgano, la guitarra, la mandolina, el piano. Su producción musical: Lo leí en tus ojos, Espejismo, Duda, Mascarada, La Palencana, Irma y el Himno Revolución, compuesto para la escuela del mismo nombre. Durante el gobierno del doctor Manuel Velasco Suárez y siendo director general de Educación Pública el licenciado Javier Espinosa Mandujano, fue publicado Zona Palencana, que es el resultado de muchos años de investigación. Su producción literaria es muy amplia: Canto al árbol, Maestro, El maestro rural y Maestra, premiados en los juegos florales de Tuxtla Gutiérrez, convocados por la sección XL. «Camino Palenque-Ocosingo» fue premiada en la Exposición Regional de Villahermosa. Entre sus poesías destacan «El Telchac», «Yashkin» (Sol Verde), «El encomendero», «La suprema piedra», «Palenque eterno», «La vida», «La Palencana». Representa el testimonio más importante que se haya escrito en el rescate de nuestras costumbres y tradiciones antiguas, del legendario Palenque de los choles, lo mismo que «Fiesta palencana», costumbres del viejo y del actual pueblo de Palenque.

Destacó como colaborador de diversas revistas y periódicos de circulación local y nacional. Participó como juez de muchos concursos de literatura, música y oratoria. Fue regidor, juez y síndico municipal, delegado de Tránsito y encargado del Registro Civil. Era cronista de Palenque. En dos ocasiones fue homenajeado por el pueblo de Palenque y por los presidentes municipales Jorge I. Álvarez Lacroix y Miguel Padilla Jiménez. Desde el 20 de noviembre de 1977, una calle de Palenque lleva el nombre del profesor Ydalio Huerta Escalante. En 1981 ingresó corno catedrático al Colegio de Bachilleres y desde el mes de febrero de 1986 hasta su muerte fue director del Plantel 07 en esta ciudad.
El 15 de mayo de 1987 recibió dos pergaminos, uno como testimonio de reconocimiento por su ardua labor corno director del Colegio de Bachilleres plantel 07 y otro de parte del honorable ayuntamiento municipal de Palenque, por sus 45 años de entrega a la actividad docente y por su admirable obra literaria, poética y musical en beneficio del municipio.
Se develó un busto del profesor Ydalio Huerta Escalante en el lóbulo del Hotel Lacroix, cedido por el escultor David Morales Fimbres el 20 de noviembre de 1977. Miembro fundador de la logia simbólica Valentín Rincón Coutiño de Palenque. Miembro fundador de la logia simbólica J. Ramiro Culebro de Palenque. Gran maestro de la gran logia del estado de Chiapas Tzijibkin. Sob:. Gr:. Maestro Grado 33 y Miembro del Supremo Consejo de la Masonería Mexicana. Falleció en la ciudad de Puebla el sábado 8 de agosto de 1987. Fue sepultado en su adorado Palenque, donde descansa en paz continuando presente en el paisaje, en su música, en su poesía y en el recuerdo de todos los que lo conocieron.”
A esa biografía, hay que añadir que desde 1990 se instituyó el Premio Estatal de Poesía “Ydalio Huerta Escalante” el cual fue aprobado por el cabildo municipal del Ayuntamiento de Palenque y posteriormente por el Congreso local, el que se entrega durante la feria tradicional de Palenque, el primero de agosto, y consiste en un premio en efectivo y reconocimiento por la participación.

Árbol de Chiapas
Del árbol vive el hombre
Canto Primero
(Fantasía Vegetal)
Árbol de Chiapas, que eres mexicano,
donde la montaña de la estirpe maya
dejó los silencios, que hoy guarda el arcano;
donde anida el quetzal y cantan los clarines;
donde huele a hule, a chicle y a pimienta,
donde los cocuyos con sus colorines
rubrican las noches de estrellas fugaces.
Árbol de Chiapas, que eres mexicano,
que vives en patria, de tierras feraces,
que entre los telchaques de tus recias piernas
para la tigresa robustos cachorros;
que entre los encajes de tus copoales
pasan los arroyos, sus claros raudales,
mientras en los copas cantan los cotorros.
Árbol chiapaneco, que eres todavía
la selva indultada de mi geografía,
que entre tus raíces en los roquedales
aun reptan y enroscan los nauyacales,
selva inmensa y virgen, de la tierra mía;
vestal de trópico y de tempestad;
te van lastimando pedazo a pedazo.
Árbol chiapaneco, árbol majestuoso,
de humus de labranza y fertilidad;
han oído siglos, el golpe del hachazo
como apocalipsis a savia y materia,
los que te asesinan por treinta dineros:
el pithecanthropus en su impunidad.
Canto segundo
(Del árbol vive el Hombre)
No importa que el árbol sucumba impotente,
ante los azotes del rayo o del viento,
así cae el soldado en el combate,
ante el imperio inevitable de la. muerte.
Así lo escribe el designio en los inicios
que se han de morir, y que otros vivan;
que ofrende al árbol sus hojas y cortezas
sus maderas, tinturas y barnices;
que las reciba el hombre en sacrificio
para curar sus lacras e impurezas
para adornar sus iglesias y palacios.
No importa que sus flores o sus frutos,
y hasta la savia en mieles convertida,
transformen las horas en minutos,
endulzando los placeres de la vida.
Pero que no te asesinen sin provecho,
que te canten, que prolonguen tu destino,
si tus ramas son cruces en sus lechos,
si tu sombra es descanso en el camino.
¡Tienen que quererte! ¡Mi selva majestuosa!
¡Tengo que quererte! Tenemos que loarte.
¡Regalo de los hados! ¡Regazo de las diosas!
Si tú, a cambio de indolencia, lo das todo;
si a cambio del hachazo, das tu sangre;
si al cortar la flor, regalas el perfume;
si a cambio del dolor, das alegría;
¡si libras al hombre de la sed y el hambre!
Canto tercero
(Los gigantes de la selva)
Allí están el cedro, el caoba y los canshanes
con sus orquídeas, bejucos y nidadas;
el oro deslumbrante de los guayacanes
y el canto divino de la alondra enamorada;
los barí, los chechenes y el zapote, los chacáes,
con sus formas sensitivas que semejan mujeres
esculpidas, con el buril de diamante de los dioses,
los patastes, el mamey y el chipilcoite,
las recias fibras del quebracho y el huapaque,
el rojo corazón del guanacastle
y los robles, maculices y popiztles.
Arboles hermanos del sol y del río,
árboles hermanos del cielo y las estrellas,
sigue siendo grande, sigue siendo mío
sigue siendo joya, entre las cosas bellas.
Canto cuarto
(Los helechos en los arroyos de la aldea)
La puñalada del Kin en el
pecho verde de la selva
sangrante del rocío,
barniza de humedad
el caseríodel Chanká.
La suave cadencia del Michol,
por donde va, lame la herida
que el caudal, ha cortado
en su camino, ondulando
su plácida presencia claro y divino,
perdiéndose hacia el mar.
Fertiliza la ribera, y en su afán de peregrino,
hacia el norte se pierde, regando al paso
helechos, helechos colosales, marimbas verticales
de teclados verdes. Pañuelos de acuarela
con burbujas de cristales
empapan y menean las palmillas
con el ritmo cadencioso de sus aguas
al besar los jardines tropicales,
que prodiga Dios, en sus orillas:
¡Marimbas verticales, de teclados verdes!
Canto quinto
(La chiquillería)
Qué alegres se ven los niños
cuando cortan las pomelas,
qué rabieta hacen los dueños cuando roban
sus guayabas; y junto con la gritería
llevan melones, pitahayas, guanábanas y sandías.
¿Quién de niño no pecó robando el cercado ajeno?
¿Cuántos sustos nos pegó aquel anciano tan bueno?
Naranjos y limoneros; marañón, mangos y anonas;
aguacates y ciruelos y aquellas fieras personas
se hacían de la vista gorda o se enojaban deveras;
si acaso una que otra porra o una que otra garbancera.
¡Arboles de la población, que adornan patios y huertos!
Arboles de amor y cariño que recuerdan mi niñez,
¡seguirá habiendo niños que te quieran, otra vez!
Hijo
Sus colores te han brindado
en las copas amarillas
del oro de guayacanes.
Quiera Dios que en el camino
que hoy se te ofrece ufano
el hálito soberano
te proteja en su destino.
Una noche eterna
Una noche eterna,
eterna de tiempos y de tiempos;
una noche que de pronto resplandece,
que se pinta con mil nubes de colores
cadenciosas, elegantes, orgullosas;
las pinta el sol, con su pincel gigante.
Ayer era el oscuro color eterno,
de lo eterno…
profanado con relámpagos y truenos,
sinfonía demoniaca de la nada,
nada sino el torbellino loco
de nubes negras y agresivas;
de repente una puñalada de luz
que sisguetea…
y de repente la noche resplandece.
